

El pasado 12 de marzo tuve la suerte de asistir a la edición número 78 del Salón Internacional del Automóvil y Accesorios de Ginebra, sin duda una de las exposiciones de coches más prestigiosas del mundo. Era bastante difícil reservar un hotel en Ginebra que fuese barato, así que decidí alojarme en la localidad francesa de Divonne, a solamente 19 Km. de esta preciosa ciudad suiza. Este año se celebra desde el 6 al 16 de marzo, y la verdad es que está teniendo bastante éxito, ya que no sólo los amantes del automóvil están viajando exclusivamente para descubrir los últimos modelos en lo que se refiere a coches, sino también gente que siente curiosidad por saber qué es lo que convierte al Salón de Ginebra en uno de los más importantes del mundo.
Estando yo en Ginebra y más concretamente en estas fechas, la mañana del miércoles habíamos decidido mis dos compañeros y yo salir del trabajo una hora antes para poder asistir a la exposición. Nos habían comentado que los fines de semana no era muy recomendable visitarla, ya que se solía llenar de gente, así que decidimos acercarnos a las 18:30 horas ese mismo día. Así tendríamos el tiempo justo para poder ver las principales atracciones del Salón, ya que el horario de lunes a viernes es de 10:00 a 20:00 horas. Aparcamos nuestro coche sin problemas, y cada uno compró su entrada por 14 francos suizos (aproximadamente 9 Euros).
Al entrar, lo primero que dan ganas de hacer es acercarse a uno de los restaurantes que se encuentran en la entrada, pero con el poco tiempo que disponíamos, había que sufrir un poco. Así que entramos directamente a ver los coches, que era el principal objetivo de nuestra visita. El salón era impresionante, y contaba con dos plantas llenas de vehículos procedentes de todo el mundo. Coches japoneses, alemanes, franceses, americanos, británicos, italianos, y como no, ¡españoles!
Había de todo, tanto para los fanáticos del motor, como para los que solo asisten por motivos de ocio – nos quedamos boquiabiertos con la impresionante selección de vehículos y no parábamos de sacar fotos. Encontramos coches de lujo dignos de las típicas películas de Hollywood, de los que siempre habíamos soñado tener, prototipos para el futuro, coches de carreras, clásicos de los 60, quads, todo-terrenos, descapotables… ¡había absolutamente de todo! Y los “stands” no los ocupaban solamente los fabricantes, sino también preparadores y “tuneadores” de coches y accesorios.

De todos los vehículos que pude ver, tengo que reconocer que sentí debilidad por los Mclaren Mercedes SLR convertidos (tuneados), algún que otro Aston Martin, el supercoche Pagani, y los Lamborghini. Y el automóvil más curioso del Salón era sin duda el Rinspeed sQuba – ¡un coche descapotable totalmente sumergible bajo el agua!
Fue una experiencia de lo más interesante, y espero poder regresar antes de que se acabe para ver todo lo demás. Si tenéis la oportunidad de viajar a Ginebra u os encontráis cerca de la ciudad, os recomiendo que os acerquéis por la exposición aunque sólo sea por una hora.
Encontraréis más información y noticias acerca de la exposición en www.salon-auto.ch